Bronquitis y bronquiolitis en bebés: Síntomas y tratamientos

 

Las infecciones respiratorias son muy frecuentes en niños y niñas en sus primeros años de vida. Se producen por la infección de microorganismos -normalmente virus- que afectan al aparato respiratorio. Generalmente, se dan en las vías respiratorias altas (nariz, boca y garganta), pero en algunas ocasiones aparecen en la zona más baja, en los pulmones, provocando bronquitis o bronquiolitis.

¿Qué diferencias hay entre bronquitis y bronquiolitis?

Aunque ambos términos se refieren a afecciones similares, la pediatría las considera entidades distintas. Según la zona de la vía aérea infectada hablamos de una u otra dolencia: es bronquiolitis cuando las zonas interesadas son más pequeñas y lejanas de la vía aérea, mientras que es bronquitis cuando se trata de regiones afectadas más grandes y cercanas a la vía respiratoria superior como la tráquea, bronquios o bronquiolos. 

Como características comunes comparten la estacionalidad ya que ambas suelen aparecer con más frecuencia en otoño e invierno, al haber mayor presencia de virus en nuestro entorno; y sendas dolencias se inician con síntomas de catarro de vías altas que posteriormente pasan a la vía respiratoria baja.

Si la afectación de la vía respiratoria es más importante se asocia a signos de dificultad respiratoria. En concreto, se identifican con una respiración más rápida que marca la zona abdominal (tiraje subcostal), de las costillas (tiraje costal o intercostal) o del cuello (tiraje supraesternal), además de que el paciente comienza a detectar ruidos en el pecho sibilantes o “pitos” y crepitantes. La aparición de estos síntomas requiere en todo caso de la evaluación de un médico que analice síntomas y diagnostique cuál es la dolencia concreta que afecta al niño/a.

 

¿Cómo tratar la bronquitis y la bronquiolitis de mi hijo/a?

Ambas infecciones respiratorias, tanto de vía respiratoria alta como baja, suelen ser leves y no requieren tratamiento médico, siendo más común la bronquiolitis entre los niños más pequeños.

 

La mucosidad nasal

Uno de los síntomas más representativos e incómodos de las infecciones de vías respiratorias es la mucosidad nasal. Para aliviar en gran medida las molestias que esta ocasiona a los bebés y niños/as afectados/as es recomendable realizar lavados nasales con suero fisiológico como un buen método para eliminarla. 

Para que el lavado nasal se realice de forma correcta es importante que, en primer lugar tumbes a tu hijo/a de lado para, posteriormente, introducir el suero a presión en su fosa nasal superior para que el moco pueda salir fácilmente por la inferior, y después, repetir la maniobra en el otro lado.

 

La alimentación con síntomas

Tanto el aumento de la mucosidad como la presencia de dificultades respiratorias pueden dificultar la alimentación del bebé. En el caso de los más pequeños, los lactantes, hay que tener presente que la leche, además de ser su alimento principal, es su única fuente de hidratación, por lo que es clave que estemos muy pendientes de que su nutrición/hidratación es la correcta.

La manera de facilitar su alimentación es practicar lavados nasales unos 5 o 10 minutos antes de cada una de sus tomas, e intentar repartirlas de modo que el bebé ingiera más o menos la misma cantidad habitual pero repartida en más tomas.

 

Actuar ante la dificultad respiratoria

En bebés es fundamental vigilar si tienen dificultad respiratoria y en qué grado, para lo que es imprescindible, una vez se observe que tiene problemas para respirar, consultar con el pediatra para que evalúe su situación.

Normalmente, el especialista recomendará el tratamiento que considere más adecuado. Entre ellos está el empleo de broncodilatadores como el salbutamol que son útiles en el caso de las bronquitis, pero su efectividad, al igual que ocurre con las nebulizaciones de suero salino o el empleo de otros medicamentos en bronquiolitis, son muy discutidas. En cualquier caso, siempre hay que confiar en que el médico nos aconseja lo más adecuado a la afección del niño/a. 

Algo que sí ayuda y es muy sencillo de aplicar es la postura para ayudarles a  dormir más cómodos que consiste, simplemente, en elevar un poco la zona donde reposa su cabeza en la cama con almohadas, lo que facilita su respiración.

Pero si los síntomas se agravan, la dificultad respiratoria es llamativa e importante, se necesidad oxígeno, hay un cuadro que impide la alimentación del bebé y vemos que en lugar de mejorar empeora, hay que consultar de nuevo al pediatra ya que puede ser preciso el ingreso hospitalario, algo que, afortunadamente, ocurre en el menor de los casos. 

 

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