El sueño en bebés durante sus primeros 12 meses

 

La llegada de un bebé implica muchos cambios y la alteración del sueño de sus padres es uno de ellos. De ahí que una de las consultas más recurrentes durante el primer año de vida del/de la niño/a tenga relación con sus hábitos de sueño. Muchos padres se preguntan, ¿volveremos a dormir y descansar como antes?

Hay que saber que las necesidades de sueño de un bebé no siempre coinciden con las de un adulto. Una situación que puede llegar a frustrar a los padres, provocar la irritabilidad del hijo/a y, a la larga, producir alteraciones familiares, sobre todo si establecemos objetivos incompatibles con la fisiología del/de la niño/a, o cuando nuestra dinámica obstaculiza el desarrollo natural de los patrones de sueño infantiles.

El sueño en el vientre materno

Los ciclos de sueño empiezan a establecerse en la etapa prenatal en torno a la semana 28 de gestación, respondiendo a factores maternos como la dieta, el ritmo, la temperatura corporal y sus variaciones a lo largo del día, y la secreción de melatonina. 

La falta de unos ciclos circadianos maternos durante el embarazo (normalmente, dormir por la noche y estar despierto durante el día) bien sea por realizar trabajo nocturno, tener los hábitos de sueño alterados o padecer de situaciones de gran estrés, pueden trastornar la regulación de los ciclos de sueño fetales.

 

El sueño en el recién nacido

Durante las primeras semanas de vida, los ciclos de sueño del bebé se rigen, principalmente, por el ritmo de su alimentación. En el primer mes puede dormir entre 16 y 18 horas en ciclos de unas 3 o 4 horas.

Según esta periodicidad, es prioritario establecer una lactancia materna adecuada o, si el bebé es alimentado con leche de fórmula, asegurar que mantenga un ritmo de alimentación suficiente para garantizar el aporte energético que precisa.

Por este motivo, el tiempo total de sueño se fracciona en periodos de 3 horas, e incluso haciéndolo, es importante establecer también una rutina de exposición a la luz y al ruido ambiental para que empiece a diferenciar el día de la noche de cara a sus siguientes meses de vida.

  • El sueño de 3 a 6 meses

Una vez que el ritmo de alimentación de tu bebé ya se ha establecido y cuenta con la ganancia de peso que le corresponde, el sueño nocturno se puede alargar progresivamente hasta lograr que se extienda a las 5 horas seguidas durante la noche. En este momento, entre sus 3 y sus 6 meses de vida, el bebé cuenta con un sueño total de entre 14 y 16 horas al dia.

  • El sueño de 6 a 9 meses

A partir de los 6 meses, el bebé se ha hecho más mayor, ha despertado su curiosidad por el medio que le rodea y responde a estímulos neurológicos propios. Es entonces cuando puede experimentar dificultades para conciliar el sueño cuando, según algunas fuentes bibliográficas, debería de dormir buena parte de la noche sin despertarse y lograr conciliar el sueño por sí mismo.

Más tarde, entre los 8 y los 9 meses de edad, el problema es otro. Aparece la llamada ansiedad de separación, consistente en la preocupación del bebé al separarse de sus padres/cuidadores algo que en ocasiones dificulta que concilie el sueño, incluso cuando ya estaba acostumbrado a dormir en su cuna y a hacerlo él solo. En este periodo, la dinámica y las convicciones familiares marcan sus conductas y hábitos de sueño.

  • El sueño de 9 a 12 meses

Superada la etapa de ansiedad de separación -que nos siempre se da en el bebé- comienza una etapa de relativa tranquilidad en la que se mantienen las rutinas de sueño adquiridas sin mayor problema. No será hasta empezar a andar -en torno a los 12 meses- y más adelante, al iniciar la escolarización, cuando se darán otros cambios en el sueño del/de la niño/a.

 

Consejos para una higiene del sueño

Dado que los hábitos y patrones de sueño son muy variables en el primer año de vida del bebé, es importante conocer cuáles son las pautas básicas recomendadas por la pediatría para ayudar a tu hijo/a a tener una adecuada higiene del sueño:

  • Desde que nace, estar atento a sus necesidades de sueño. Observar al bebé y reconocer sus señales de cansancio para establecer un ritmo que lo acompañe en su desarrollo, más fácil y práctico que intentar ajustarlo a un horario rígido, siempre buscando el equilibrio entre su necesidad y la realidad de la dinámica familiar.
  • Tener una rutina fácil de seguir y mantenerla de manera consistente en el tiempo. Esto no implica hacer lo mismo diariamente, pero sí contar con “señales” que indiquen al bebé cuándo es hora de dormir como bajar las luces, tomar un baño, leerle un cuento o cantarle una canción. De esta forma le preparamos para relajarse y descansar.
  • No sobreestimular a tu hijo/a, algo común en el afán de enseñarles muchas cosas o de estimularlos para retrasar un poco el sueño por conveniencia. Esto genera excitación y cansancio que le impiden conciliar un sueño tranquilo, e impone un círculo vicioso de cansancio-irritabilidad-excitabilidad que puede traer consecuencias adversas a largo plazo.
  • Descansar y procurar el descanso de toda tu familia. Si los padres y cuidadores no están descansados pueden provocar irritabilidad y dificultad para establecer los ritmos de descanso que necesite el/la niño/a. 

 

Dormir es clave para el desarrollo del bebé. No solo es necesario sino imprescindible para su adecuado desarrollo físico y mental ya que la calidad del sueño influye de manera determinante en el crecimiento, en la secreción de hormonas, en la fijación de la memoria y en la arquitectura misma del cerebro. 

Procurar una adecuada calidad de sueño es muy importante a todas las edades, pero especialmente en los primeros años de vida, fundamentales en el desarrollo cerebral de los niños. En ELMA queremos ayudarte a saber cómo lograr que conciliar el sueño no sea un problema para tu hijo/a. Estamos a tu disposición para resolver cuantas dudas tengas al respecto, las 24 horas del día, todos los días de la semana. ¡Contamos contigo! ¡Cuenta con nosotros!